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LA JAURÍA HUMANA

 

 

 

 

 

 

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Arthur Penn es uno de los directores contemporáneos más importantes del cine. Su explosión creativa se produce en el 1967 con “Bonnie And Clyde”, una película que supuso en gran medida la entrada de nuevos conceptos que la cinematografía internacional cultivaban en Europa, especialmente en Francia, y que ahora se adentraban en Estados Unidos. No es de extrañar que ni los espectadores ni la crítica americana entendieran la película, como tampoco entendieron el film del año anterior del director, “La Jauría Humana”, que sufrió zarpazos incomprensibles de la crítica. Arthur Penn era un hombre solitario y crítico. No encajaba con la manera de dirigir de otros tantos directores norteamericanos y no compartía la visión que muchos otros compañeros de profesión compartían. Después de la Jauría humana y especialmente de Bonnie and Clyde los productores tacharon al director y las productoras tuvieron muy en cuenta de no ofrecer a Penn grandes posibilidades. Sí se hubiera confiado en él seguramente la historia del cine habría sido muy diferente. En La Jauría humana podemos ver muchos elementos iconográficos que el director analizaría con más precisión en un futuro. Y es normal que la película recibiera criticas, porque se trata de una auténtica patada al Establishment norteamericano. El director nos presenta un pueblo que en las primeras secuencias parece apetecible y donde sus habitantes parecen vivir en paz, pero eso no es más que un falso espejismo, porque en cuanto se abre el telón se observan todos los entresijos de una sociedad que está más que podrida. La chispa detonante de todo es la fuga de un preso, interpretado por Robert Redford, que huirá de la cárcel. El primer punto rojo es cuando a medida que la película avanza nos damos cuenta que la situación del recluso es quizá un cúmulo de circunstancias llenas de mala suerte. Seguramente hay seres mucho peores en el pueblo que sean mucho peor que él....pero ahí el aire se lo lleva el viento... Y es que la corrupción se extiende como tentáculos gigantes y tienen al pueblo totalmente dominado. El señor Rogers, el gran cacique del pueblo, tiene a todos sus habitantes comiendo de su mano

 

Pocas veces se ha hecho un retrato tan visceral y pesimista del ser humano como el que se nos muestra La Jauría Humana. Un film así sólo pudo surgir a finales de los años 60, cuando en Hollywood vieron la luz una serie de películas cuyo estilo conectaba con el cine de autor que se hacía en Europa y que se atrevían a tratar argumentos bastante duros, sin censuras que obligaran a aligerarlas. Otros ejemplos serían Bonnie y Clyde, Danzad Danzad Malditos, Easy Rider,  o Cowboy de Medianoche. La Jauría Humana fue una de las primeras obras que inauguró esta nueva corriente y la mas importante que surgió de esa época. Situada en un pequeño pueblo sureño, la excusa argumental es la fuga de un delincuente y sirve para mostrarnos unos personajes relacionados de una forma u otra con él. El eje central de la película son las relaciones entre ellos y los conflictos que surgen a raíz de la fuga. La Jauría Humana es un auténtico puñetazo en el estómago, un film cruel y nihilista a la vez que profundamente pesimista y desesperanzado. Los personajes son egoístas, o avariciosos o todo eso a la vez. Y las únicas personas de este microcosmos que resultan positivas son desgraciadas e infelices.

 

Haciendo un repaso de los personajes comprobaremos que no exagero sobre esta extraordinaria película. Bubber, interpretado por un desconocido Robert Redford, es un desgraciado que ha tenido la mala suerte de ser cabeza de turco toda su vida...resulta desalentador escuchar su relato sobre como acabó tan harto en la cárcel que no le importaba morir. El poderoso magnate Val Rogers posee todo el dinero del mundo pero intenta recuperar el amor de su hijo, el cual a su vez tiene una farsa de matrimonio y engaña a su amigo Bubber con su mujer. Los empleados de Rogers se sienten marginados porque no pueden acudir a sus fiestas y cometen adulterio entre ellos. Los padres de Bubber soportan el martirio de que todo el pueblo sienta pena por ellos, y en medio de todo este tinglado tenemos al sheriff Cadler, inmenso Marlon Brando, es el único héroe de la película, y quizás por eso es el personaje que más sufre de todos. Es un hombre en tierra de nadie: la gente del pueblo cree erróneamente que está comprado por el poderoso Rogers y por ello nadie le respeta. Es él quien debe enfrentarse a la locura colectiva que rodea a la búsqueda de Bubber y se arriesga en acabar en un linchamiento público y pagará por ello. Resulta antológica la escena en que recibe una brutal paliza por parte de tres hombres, tras la cual sale de su oficina manchado de sangre y cojeando, enfrentándose a una multitud que le mira impasible.

 

 

 

Pero esta cruel descripción no se reduce solo a los principales personajes de este drama coral, sino que llega también a los más secundarios: los mirones que observan hipócritamente como su sheriff es apaleado; los jóvenes que deciden trasladar su fiesta hasta el escondrijo de Bubber y que se dedican a lanzar fuegos artificiales contra el desguace, provocando un incendio y una explosión; los amigos que asisten a la fiesta de Rogers se comportan de forma hipócrita; el patético empleado de Rogers encarnado por Robert Duvall se queda impasible que su mujer le engañe por otro y teme estúpidamente por su vida; su mujer ávida de sexo  tiene que lidiar con un amante que ya se ha cansado de ella y un racismo latente que sobrevuela sobre el film. Un muy brillante reparto acaba redondeando el film, haciendo creíbles estos personajes, entre los que se encuentran unos por entonces desconocidos Robert Duvall y Robert Redford, Jane Fonda, la veterana Miriam Hopkins en el excelente papel de madre de Bubber y Angie Dickinson como comprensiva esposa del sheriff. Pero si alguien destaca sobre el resto es el grandioso Marlon Brando, el cual deja entrever en cada gesto y cada mirada el hastío de su personaje, harto de trabajar en ese pueblo y al mismo tiempo desprendiendo una leve chulería y orgullo, como se puede ver en la secuencia del vestido de lujo que recibe su mujer de Val Rogers y que él se niega a que lo use. El final obviamente no deja esperanzas al espectador: no se muestra lo que le sucede a los personajes que iniciaron toda la jauría y por tanto no se nos da la satisfacción de saber si son castigados; el sheriff Calder y su mujer, las únicas personas nobles del pueblo, se marchan a otra ciudad.... el joven Jake Rogers fallece a causa de una explosión producida en el desguace y tanto su padre como su amante Anna están condenados a la infelicidad por perder al ser que más querían. No hay esperanza... La Jauría Humana es una de esas películas tan viscerales que escuecen pero que sirven para recordarnos el panorama mas oscuro y miserable de la sociedad en que vivimos. Arthur Penn hace un excelente trabajo de dirección, pero gran parte del mérito también recae en el magnífico guión de la dramaturga Lilian Hellman, que teje las relaciones entre los personajes a la perfección y consigue que a lo largo del film vayamos entendiendo poco a poco qué es lo que une a todas estas personas y las consecuencias de sus relaciones. El film fue un previsible fracaso de taquilla y crítica que luego, con el paso de los años ha pasado a ser una obra maestra de culto y visionada con admiración por todo cinéfilo que se precie.

 

La violencia, será una de las constantes y un elemento básico del director. De hecho ya en su debut, con la película de “El Zurdo”, esas características salían a la luz. En La Jauría humana sucede lo mismo, el pueblo denota una violencia latente en todo momento. Escenas como al fiesta demuestran el interés del pueblo por las armas, cada habitante tiene un arma y todos están dispuestos a utilizar la violencia como método represivo para conseguir sus objetivos, así como una sociedad decadente que se aburre y necesita recurrir a los más extraños sueños para aliviar sus necesidades. Los habitantes del pueblo llegan incluso a sobrepasarse con el propio sheriff, y tomándose la justicia por su mano, en escenas que seguramente en 1966 resultaría hartamente poderosas. En gran medida la película retrata la histeria colectiva de un pueblo al que no se le ha puesto freno. También Penn se hace eco del racismo imperante en la sociedad rural media norteamericana. Los constantes abusos hacia el personaje negro, son una clara demostración. La población blanca de la zona aún se cree superior a los habitantes negros y los tratan como escoria. Los personajes jóvenes están extraordinariamente bien dirigidos, como el prometedor Robert Redford, una bellísima Jane Fonda, la siempre sensacional Angie Dickinson y...¿que puedo decir de Marlon Brando?.. Todos danzan y representan una generación reprimida y cohibida por sus mayores.

 

En todos sus films Penn acostumbró a utilizar personajes jóvenes como si fueran resquicios de esperanza.

 

 

Es evidente que en los años 60, Hollywood quería ponerse al día y olvidarse de casi todo aquello de lo que siempre había alardeado, la América feliz, educada, decente y sin problemas graves. En aquella década cambió el país y también el resto del mundo, favorecida por el legado de Presidente Kennedy y la lucha de Martin Luther King, entre otros, Hollywood, para no quedar desfasada ante la oleada de cine europeo de maestros como Bergman, Antonioni, Truffaut y otros, decidió volcarse en los problemas sociales del país, y a fe que lo consiguió con la La jauría Humana. Penn, Spiegel y Hellman, no hubieran podido realizar su excelente película, sin contar con la colaboración de un siempre extraordinario actor de actores como era Marlon Brando, en uno de sus trabajos mas memorables, así como con un conjunto de actores enormes y la magnífica composición musical del maestro John Barry. Es un film que ningún cinéfilo, debería dejar de ver. Grandiosa película. Un impresionante drama claustrofóbico a vueltas con la miseria de una sociedad podrida. Una historia sencilla, pero fiel reflejo de su tiempo, exponiendo las cuatro miserias de los seres humanos:

 

1.- Ejemplo de la poca estabilidad emocional que puede contener un pueblo cuando todos se integran en una misma causa, formando una jauría humana de degradación moral.

 

2.- La hipocresía, la lucha de clases, la envidia, aderezado todo con infidelidades, el culto al dinero, todo va embruteciendo el sueño americano, magníficamente retratada a través de los habitantes de un pequeño pueblo de Texas en plena fiebre del sábado noche.

 

3.- La base de la película, la integridad de sheriff un hombre honrado, para defender del linchamiento colectivo de un hombre joven convicto de un asesinato que no ha cometido, y la gran paliza que recibe por no cumplir con los deseos, de aquellos que el creía eran conciudadanos suyos.

 

4.-Es la historia de un perdedor, el fugitivo Redford, que no quiere vivir encerrado, maltratado, humillado por todos, tratado injustamente por el pueblo. Y también es la historia del sheriff, honrado y honesto, que marchará del pueblo después de vivir la peor noche de su vida.

 

 

Arthur Penn tuvo una carrera irregular a pesar de sólo 13 largometrajes, pero nos dejo algunos títulos clave. Uno de ellos es este excelente drama basado en una novela de Horton Foote, en el que el inteligente guión de Lillian Hellman ayuda a desnudar la intolerancia y el arribismo de un pequeño pueblo sureño que se ve convulsionado con la fuga de la cárcel de un joven convicto. Por momentos puede parecer que el tiempo no ha sido clemente con algunas situaciones, diálogos y personajes demasiado estereotipados, que en su afán por exhibir la decadencia, el egoísmo y la violencia que esconden los habitantes del pueblo están muy cerca de la caricatura y el trazo grueso. Pero la película aún impacta y conmueve por el nervio con que filma Penn, que logra desarrollar una tensión creciente y una atmósfera claustrofóbica que oprimen y angustian paulatinamente al espectador, que no puede evitar conmoverse por la encrucijada sentimental de los personajes o sentir furia por la actitud de los ciudadanos. En el aspecto visual y sonoro, son vitales la bella fotografía de Joseph La Shelle y la sólida partitura de John Barry, y aunque el montaje de Gene Milford, de todos modos el sentido del ritmo y la precisión de la narración le permiten a Penn manejar a la perfección el tiempo cinematográfico, alargando algunas escenas de acuerdo a los requerimientos de las emociones de sus personajes o agilizando otras para subrayar el desequilibrio que se va apoderando de la trama. Sin embargo, todos estos méritos no serían nada sin la presencia de uno de los elencos más potentes y atractivos de la época, donde hasta el más pequeño personaje está lleno de detalles que lo hacen más real y creíble, salvo quizás los tres matones que desencadenan la tragedia, y el insoportable viejecito que interpreta Henry Hull). Todos los actores parecen estar en estado de gracia, con particulares menciones al conmovedor millonario que encarna E.G. Marshall, la juvenil belleza de Jane Fonda y Angie Dickinson, por aquellos años una de las amantes de JFK...y desgarradora madre que encarna Miriam Hopkins, el simple empleado del banco Robert Duvall, y por sobre todos un inmenso Brando en uno de sus pocos roles relevantes de esa década, Brando siempre será Brando..... El y Penn nos ofrecen uno de los momentos más fuertes e inolvidables de sus respectivas filmografías en la dura y angustiante paliza que le propinan al sheriff, en buena medida el clímax de esta cinta que a pesar de los años aún es un buen reflejo de la intolerancia, la incomprensión y la sed de violencia que siempre amenaza con surgir en toda sociedad.

 

 Un clásico valorado ahora, al cabo de los años, cuyo amargo y pesimista final se hace aún más difícil de olvidar.

 

 

 

 

Estamos ante una denuncia total de América, de la proliferación de armas, del racismo no disimulado y de la confusión que se establece entre la libertad y el libertinaje. Por momentos las imágenes nos llevan a la caída del Imperio Romano, a ese mundo que se hundió por muchas causas, pero fundamentalmente el poder que cegó a los hombres, convirtiéndoles en animales, por ello no deja de ser curioso que en este caso la traducción española del título sea quizás incluso mejor que el original. Porque esta no es una película que trate de los hombres y sus actos, sino de como los hombres se convierten en animales rabiosos, en una jauría sin raciocinio ni piedad. Una película que explica, en definitiva el origen de la América de Bush, complacida rezando a Diós, mientras aniquila a todo aquel que se le oponga. A menudo me pregunto qué clase de personas son las que acuden a las puertas de los juzgados para abuchear a los acusados que van a declarar. Esa gente que increpa, arroja objetos y escupe; esa masa que, arropada en el anonimato, se convierte en una verdadera jauría. Exactamente la jauría humana que tan duramente describe Arthur Penn. Me cuesta entender las motivaciones de esta gente. Qué clase de alivio les puede producir tal comportamiento. A veces yo siento la misma repugnancia que ellos hacia el sospechoso e incluso la misma seguridad de que es un criminal, pero no se me pasa por la cabeza hacer algo similar para descargar mi rabia. Es algo que siempre me ha impresionado y atemorizado al mismo tiempo. En definitiva, esa misma perplejidad es la que despierta la incomprensible actitud de los personajes de "La jauría humana". Lo que ocurre es que la historia es tan exagerada que es inevitable sentir cierta incredulidad. Que de todo un pueblo prácticamente sólo se libren de esa locura y esa irracionalidad un par de personas, mientras las demás son poseídas... Marlon Brando está inmenso, como siempre. Más inmenso todavía cuando interpreta el único papel, junto a Angie Dickinson, que representa la cordura y la templanza entre tanta bestialidad desatada. Discrepo de los que creen que esto es una crítica a la sociedad norteamericana. La masa es la masa en todas las sociedades y en todos los tiempos: cuando la gente se juntaba para lapidar a un ladrón, o para ver una crucifixión, o a un hereje arder o a un noble decapitado. Como ahora se juntan a las puertas de los juzgados, o en los campos de fútbol, o en un plató de televisión. La jauría humana no es otra cosa que esa nebulosa tras la que se oculta el individuo con sus frustraciones personales y sociales, en la que puede esconderse y arroparse y que sirve de coartada para todo.

 

 

“The chase” es una de las críticas más frontales que se hayan dirigido desde dentro contra la sociedad norteamericana y su raíz violenta y linchadora. Con fría cólera, contenida y seca, Penn disecciona la vida de una pequeña ciudad dedicada con autocomplacencia a la corrupción, la servidumbre, el racismo, la borrachera, el adulterio, el cotilleo y, sobre todo, al odio colectivo a lo diferente. A ese variado y compacto coro, el director contrapone la figura del presidiario fugado, que intentará regresar a la ciudad, a encontrarse con su esposa. Sobre esa figura escondida proyectará la sociedad sus fantasmas y miserias, apiñándose en torno al objetivo de cazar y eliminar al prófugo. Y contrapone también la de Calder, el sheriff local, de mentalidad insobornable, que intentará a su vez oponerse a la sinrazón y hacer valer la ley. Con lucidez comprende que “la mitad de la población está medio chiflada y sólo desea matar a alguien”...El espíritu gregario se vuelve saña incontenible contra quien no se alinee con el grupo, sea por marginalidad, sea por independencia. De gran factura, en esta película se sintetizan las técnicas de realización alcanzadas en el Hollywood de los 60 con los dramas de Broadway, psicológicamente penetrantes y dotados de diálogos económicos y fluidos. Forman el personaje coral una completa galería de secundarios: el cacique, la beata, el repelente matrimonio de cotillas paseantes, los diversos cornudos, la mantenida tonta…La disposición del coro y protagonistas en escenarios de gran plasticidad, como el cementerio de coches o la casa en ruinas, contribuyen a una atmósfera de tragedia, especialmente amarga en lo implacable. Las mujeres con capacidad de amar, como Angie Dickinson y Jane Fonda, pero siguen atadas a la eterna comprensión y los que nacieron sin suerte, como Robert Redford o sin carácter, cayendo en brazos del derrotismo. El dinero tampoco sirve: ni el de papá E.G. Marshall porque no dota de alas para sobrevolar la cloaca, ni el de la chusma que busca calmar la sed infinita en los ríos de whisky o en las oscuras charcas del sexo. Y cuando ya no puedes más. Cuando la rabia y la impotencia te han llenado los ojos de lágrimas, ácidas y amargas... Entonces, el film terminan de golpe. Sin un respiro redentor. Sin una concesión a la esperanza. Con la contundencia salvaje de que somos lo que somos y esta sociedad la hemos montado nosotros solitos. Que nadie huya de la verdad, que si el conjunto es así, cada uno de sus miembros haríamos bien en hacérnoslo mirar. Poco se necesita para encender a las masas, sólo hay que inculcarles algo de miedo y si a eso lo mezclamos alcohol, obtendremos un cóctel explosivo, el problema es la mecha, a veces cuesta encontrarla, pero siempre estará presente el odio, el reconocimiento, el dinero, la envidia, o simplemente la desvergüenza, por lo tanto el tiempo es el principal obstáculo, pero al final, tarde más o menos todo explota y Penn lo deja claro en su film, con una idea simple, marcado por un desarrollo sugestivo, y unas actuaciones geniales, va consiguiendo infectar al espectador del nerviosismo a la espera del desenlace.

 

 

 

Es un duro relato retratado magníficamente a través de los personajes de un pequeño pueblo de Texas. Los actores brillan de tal manera que sin lugar a dudas crees y sientes que son parte de esa masa salvaje. Resultan tan veraces que duele ver sus acciones, sus consecuencias. A veces la sensación de impotencia es enorme. La actuación de Brando es portentosa, es una fuerza de la naturaleza, tiene un magnetismo que atrapa. Da sentido a cada una de sus palabras. Su personaje seco, honesto y decente es el contrapuesto perfecto a esa panda de chulos con pistolas. Aquí la valentía no se mide por la cantidad de enemigos si no por las veces que te levantas y luchas contra ellos. Excepcional evocación de esa sociedad podrida, puede resultar un tanto exagerada a veces, pero los personajes están magníficamente representados y dotan de un fuerte realismo a la acción....Todos esperaban grandes cosas de esta historia. Al poco de comenzar el rodaje, Brando se dedicaba a conquistar a toda chica que no se moviera lo bastante rápido. Roger Vadim tenía prohibida la entrada en el Estudio para no distraer a su novia Jane Fonda. Robert Redford debutaba en una película grande sin apenas relacionarse más que con los técnicos, siempre en exteriores. El director se vio reducido a funcionario a las órdenes de un productor. Hubieron de pasar años antes de que esta película superara la expectativa que defraudó al estrenarse, para que la crítica posterior reconociera sus méritos: una radiografía de la violencia que latía en la América profunda a mediados de los años sesenta. El motor de la película fue su productor Sam Spiegel, el mismo de “El puente sobre el río Kwai”, "La reina de África", "La ley del silencio" y "Lawrence de Arabia. Varios directores consagrados, William Wyler, David Lean, Mankiewicz, Kazán o Zinnemann, dijeron que no por diversas razones. Penn tenía 42 años, criado en televisión, poco cine pero con una candidatura al Oscar por “El milagro de Ana Sullivan”, aunque nunca había hecho una película tan convencional, era un director con ideas propias. A favor tenía un izquierdismo intelectual que le ayudaría a llevarse bien con unos actores que le consideraban un director para los nuevos tiempos y que dos años más tarde revolucionaría el cine con "Bonnie and Clyde". La que más peleó por esta película fue Jane Fonda, quería el papel de la mujer de Redford, el fugitivo. Pero era Candice Bergen la que el productor prefería. En cuanto a Redford, fue una segunda opción, cuando Peter O’Toole le dijo con mucha claridad a Spiegel que había tenido suficiente con “Lawrence de Arabia”. Redford tenía 27 años y más experiencia de teatro que en el cine. Arthur Penn ni siquiera le conocía.

La otra chica de la película es Angie Dickinson, haciendo de esposa comprensiva de Brando...pero Angie tenia a su favor la influencia de J.F.K...  La jauría humana es un innegable clásico de los sesenta con ambiente claustrofóbico y una crítica directa a los radicalismos de los pueblos americanos, así como al salvajismo del hombre, donde la moral queda a un lado y sólo importa la carne. "El hombre es un lobo para el hombre" y qué sencillo es apostarse en el bando ganador, sin siquiera meditar sobre ello o tratar de desentrañar la situación.

 

 

 

 

Una gran película que te hace sentir asqueado de la sociedad y darte cuenta de lo peligrosas que son las masas: ignorantes y que tienen prejuicios contra todo; y lo peor, se creen en posesión de la verdad y la justicia... y para colmo todos borrachos.... Esto es en resumen lo que ocurre en este pueblo, donde el único que parece tener integridad y sentido común es el sheriff,  intentando encontrar a un preso escapado de la cárcel, al que todos intentan matar, tomándose la justicia por sus manos. Por momentos es agobiante, todos son tan miserables que no hay ni un respiro entre tanto desgraciado y el Sheriff se las ve y se las desea para hacer su trabajo. En medio está la historia de Jane Fonda, que es la esposa del preso, pero está enamorada del hijo del ricachón del pueblo y es su amante. La película le da un repaso a todos los defectos posibles en la sociedad: racismo, intolerancia, envidia, adulterios varios y prejuicios... Esta obra es una memorable aproximación fílmica a la miseria espiritual y la barbarie civilizada que como la aplasta para luego hacerla explotar de odio. Es una descomunal proyección socia de todos, capitalistas, trabajadores, funcionarios y marginados que se unen espontáneamente para acabar con cualquier atisbo de honestidad. Ven sus perversiones en los cuerpos de dos hombres justos: un inocente presidiario en fuga y un comisario que se empeña en proteger su vida, y en hacer saber que su conciencia no tiene precio. En términos más coloquiales, la proyección consiste en “ver la paja en el ojo ajeno”. El odio dirigido hacia los justos se torna en un ritual exorcista, que no en vano, deviene en un orgásmico carnaval o del rutilante triunfo de la muerte sobre los valores humanos.

 

 

Es una sangrante radiografía de un microcosmos que refleja el crisol de la sociedad americana, un collage de personas envueltas en una decadencia espiritual desesperanzadora, se tocan temas tan controvertidos como la xenofobia, la revolución sexual, con profusión de adulterios, tocando temas además como las envidias, el egoísmo, la lujuria, la hipocresía religiosa, el despotismo, la avaricia, la paranoia ante lo desconocido, el libertinaje, el alcoholismo, complejos, inseguridades, lucha de clases, los prejuicios, la codicia, ello en un marco cerrado de un pueblo, en un intenso y gradual desarrollo hacia el caos y la anarquía donde la depravación corre como la pólvora, hacia derivar en un explosivo clímax final que entronca con “Furia” de Fritz Lang, “El Gran Carnaval” de Billy Wilder, “Solo ante el peligro” de Fred Zinnemann. Es un film con hábiles resonancias a la situación coetánea, con revueltas sociales, proliferación de la violencia, uso cotidiano de las armas, mucho imperante racismo. La historia tiene la ágil singularidad que todo sucede en un día, en una alocada noche de Sábado donde las pasiones más bajas se desatan entre fiesta y fiesta, acrecentado todo por una construcción de personajes brillantes, en pocas pinceladas quedan definidos, es una autopsia a un microuniverso agonizante, un lugar en apariencia bucólico, pero a medida que avanzamos lo hediondo de su falsa doble moral nos socava. Es una ingeniosa introspección de la América Profunda, donde se guardan las esencias de lo mejor y lo peor del “Sueño Americano”, con una sobresaliente ambientación donde te cala el calor, te llega el sudor de los personajes, te ves arrastrado en su degeneración, en lo que es un pesimista fresco de la ponzoñosa Condición Humana, lienzo de personas que viven inmersas en un océano de superficialidad. Momentos para el recuerdo: Los créditos iníciales, tenebrosas transfiguraciones sobre-impresionadas, sombras, turbas de perseguidores, recreación de una huida de prisión con guardias al acecho, lúgubre trabajo del diseñador gráfico Maurice Binder. El más famoso momento del film, la paliza que sufre el sheriff encerrado en su despacho, se la da Damon, de modo doliente, los golpes nos dan, y para hacerlo más angustiado oímos a su esposa Ruby golpear la puerta atormentada, Archie echa el pestillo con sibilina malicia, Ruby sale a la calle a pedir ayuda pero el gentío a las puertas solo mira, recuerda a los flagelos de Jesucristo, un mártir; El clímax nocturno en el desguace de vehículos, allí están Bubber, Anna, y Jake, el populacho se entera y se concentran allí, un caos de personas que se toman la caza como una fiesta, derivando en un desmán de proporciones apocalípticas, recordando a “El Gran Carnaval” mezclado con el final de “Perros de paja”, una orgía de violencia descontrolada, el fuego y la gasolina terminan por erupcionar, gente cantando, otros rodando ruedas en llamaradas, lanzando cócteles molotov y bengalas, disparando indiscriminadamente, escena digna del mejor Buñuel, la raza humana volviendo a un estado primitivo. Al final, Calder lleva detenido a Bubber a la comisaría, el camino a la entrada está abarrotado de gente que se arremolina alrededor, cuando suben la escalera Calder y el preso esposado, Archie, sale de entre la masa y con su mano dentro del bolsillo de la chaqueta dispara contra Bubber varias veces, cayendo al suelo muerto, entonces el hasta entonces sobrio y mesurado sheriff explota dándole una cruenta paliza al asesino, este tramo es una recreación similar del asesinato de Lee Harvey Oswald por el mafioso Jak Ruby. Un pesimista epílogo, que no dejando esperanza, Calder desencantado ve que no hay solución para el pueblo, y por la mañana echa en su coche todas sus cosas y se marcha del lugar con su esposa, desalentador.

 

 

BRANDO RECIBIENDO INSTRUCCIONES DE ARTHUR PENN

 

 

 

 

Frases lapidarias del sheriff Calder:

 

-"Acabo de encerrar a un hombre que no ha hecho nada, solo para que no lo linchen. No me gusta este trabajo. No quiero que mis hijos crezcan en una sociedad como esta."-

 

En conjunto una pieza de culto, obra maestra de Arthur Penn, y un regalo coral de los mejores actores de la época...

 

Un obsequio que nos deja la historia del cine de los años sesenta y que vive latente hoy, en pleno siglo XXI.